martes, 8 de marzo de 2011

Sexualidad & Comportamiento sexual

·         El concepto de sexualidad ha ido variando a lo largo de la historia en función de las culturas, las influencias religiosas y los cambios sociales, entre otros factores. La sexualidad nos acompaña desde que nacemos hasta que morimos, y se manifiesta en diferentes dimensiones: la emocional, la de la conducta, la del placer y la reproductiva.


Los chicos y las chicas tienen rasgos claramente distintos, tanto físicamente como en lo relativo a emociones y conducta sexual. La adolescencia es la etapa en que el joven y la joven descubren al otro sexo. Se dan muchos batacazos. Es normal. Pero al final siempre hay un chico o una chica que colma todos tus deseos. Luego es como tocar las nubes con la punta de los dedos.
Una pregunta que los jóvenes se hacen muy a menudo:
Es cierto que, a veces, parece que los chicos vayan más lanzados que las chicas. Eso es debido al hecho de que, fisiológicamente, la respuesta a los estímulos sexuales de los chicos es más rápida que la de las chicas. Por otro lado, socialmente, está bien visto que los chicos aún lleven la iniciativa en las relaciones sexuales, por este motivo, lo exteriorizan de forma diferente.

·        Una pregunta muy frecuente que se hacen las chicas al tener pareja es :
Es importante saber decir que no (si es que quieres decir que no), y no dejarte llevar por la presión del grupo o de la pareja, ya que el sexo es una forma más de relacionarse y nunca puede ser impuesto. Tu sexualidad depende de cómo te encuentres con tu pareja.

La primera vez
Cuando se habla de "primera vez" nos referimos normalmente, a la primera vez que se tiene una relación sexual con penetración. Eso no quiere decir que las otras "primeras veces" (la de tocaros, la de veros desnudos, el primer orgasmo, etc.) no tengan también mucha importancia. En todo caso, la primera vez que realicéis el acto sexual con penetración tiene un significado especial.


Paternidad en la adolescencia & Comportaamiento sexual

 Se lo define como: "el que ocurre dentro de los dos años de edad ginecológica, entendiéndose por tal al tiempo transcurrido desde la menarca, y/o cuando la adolescente es aún dependiente de su núcleo familiar de origen".


La fecundidad adolescente es más alta en países en desarrollo y entre clases sociales menos favorecidas, haciendo pensar que se trata de un fenómeno transitorio porque, de mejorarse las condiciones, ella podría descender.
El embarazo en las adolescentes se ha convertido en seria preocupación para varios sectores sociales desde hacen ya unos 30 años. Para la salud, por la mayor incidencia de resultados desfavorables o por las implicancias del aborto. En lo psicosocial, por las consecuencias adversas que el hecho tiene sobre la adolescente y sus familiares.  


 

Qué es una Constelación?

Etimológicamente conocemos por constelación un conjunto de estrellas que forman parte de un sistema dinámico y en continua interacción y evolución y que forman una imagen.
Analógicamente los seres humanos formamos parte de constelaciones que parten por ser familiares para ampliarse a otros grupos humanos.
Las constelaciones se rigen por leyes naturales, familiares, sociales y espirituales que condicionan su funcionamiento.

El trabajo de constelaciones familiares es un método terapéutico fenomenológico que se aplica a nivel individual o grupal y que busca restablecer "El orden del amor" en los sistemas humanos.


¿En qué se basan las constelaciones familiares?
Se basan en la teoría de sistemas. Y dentro de ella en el reconocimiento de que los grupos humanos se rigen por leyes y patrones innatos, a los cuales se agregan todos aquellos que se van construyendo en la interacción cotidiana dentro de las familias y a sí mismo las familias construyen leyes y principios que rigen la interacción de sus núcleos con las de otras familias, llegando a construir las leyes sociales que permitirán un funcionamiento acorde con las necesidades particulares y grupales.

Sentimiento de rechazo o de aceptación

Los adolescentes confrontados a modelos parentales de tipo democrático, igualitario o tolerante raramente experimentan sentimientos de rechazo; de un 40 a un 42% de los adolescentes que se enfrentan a modelos autocráticos y autoritarios se sienten rechazados, al igual que entre el 56 y 58% de los adolescentes confrontados a modelos laisser faire (negligentes) y ciegos.




 La agresividad verbal.




El comportamiento agresivo del adolescente en el seno de la familia indica a menudo problemas de interacción importantes: los padres son permisivos y débiles, no consiguen ponerse de acuerdo sobre la línea de conducta que deben mantener, los conflictos entre ellos aparecen por el tema de la educación del niño o el adolescente, el cual observa y saca el máximo partido del desacuerdo de sus padres.

Las maniobras de chantaje y de manipulación utilizadas por el niño o el adolescente serán eventualmente la puerta de entrada a dificultades más importantes, entre otras a comportamientos francamente delincuentes.

 La agresividad contra las personas.
La agresividad del adolescente puede finalmente expresarse físicamente, aplicándola directamente sobre los demás.




El adolescente agresivo pone literalmente al otro en el desafío de medirse a sí mismo; si el otro niño no lo hace lo ridiculiza y lo trata de miedoso; en el caso de que responda a la provocación, es acusado de haber empezado y haber desencadenad la pelea. El mecanismo de identificación del agresor es corrientemente presentado en este tipo de altercado (“no e sido yo el que ha empezado, ha sido el otro”).

¿Qué datos se han encontrado sobre la relación padres-hijos?

Se han estudiado tanto la frecuencia como la intensidad de los conflictos entre los padres y los adolescentes y los hallazgos desembocan en unas afirmaciones tal y como siguen:

Un pequeño grupo (del 20-30%) pretende no sentir ninguna dificultad con sus padres y, si las ha tenido, han sido más que superadas.

La mayoría (un 50%) admite la presencia de problemas momentáneos, conoce el origen de las discusiones y emite reproches menores en relación con sus padres.

 Un pequeño grupo (20%) habla de conflictos serios y constantes y confiesa ser víctima de una cierta incomprensión.

 Una minoría (5-10%) vive conflictos agudos, sufre un sentimiento de rechazo, desaprueba la actitud de incomprensión y la rigidez de los padres y manifiesta
Diferencias profundas de opinión. Este grupo presenta crisis abiertas, enfrentamientos violentos y hasta fugas del domicilio.

La mayoría de las encuestas sobre los adolescentes revelan las mismas cifras. Los conflictos importantes entre los padres y los adolescentes existen aproximadamente en un 20-25% de los casos.


Los hallazgos han sido igualmente llevados a la percepción de los adolescentes a propósito de los padres. En una encuesta realizada sobre 13.000 estudiantes de secundaria, los investigadores constatan que el 73% de los adolescentes aprecian mucho a sus padres y se sienten en deuda hacia ellos para el resto de su vida. El 75% no cree que los padres debieran sacrificarlo todo por sus hijos. El 80% cree que los dos padres deberían asumir partes iguales de responsabilidad en la familia. El 75% no siente ninguna necesidad urgente de casarse o de dejar la casa. Otros autores constatan igualmente que la mayoría de los adolescentes afirma saber amar y respetar a sus padres; el 75% dicen creer conocer verdaderamente a su madre, el 60% piensan verdaderamente conocer a su padre, el 78% tienen mucho afecto hacia los padres, el 88% los respetan en tanto que son individuos, casi todos creen que sus padres les aman.

De estas búsquedas se deduce que del 75 al 90% de los adolescentes se sienten bien con sus padres y que solamente una minoría no tienen una buena relación con ellos. Los mismos resultados se encuentran en otros autores, más del 60% de los adolescentes afirman llevarse bien con sus padres y disfrutar de su compañía. El 25% experimenta posiciones más críticas y el 5% describen a la familia como un lugar de alineación de sus libertades individuales.

Hay que subrayar que si, en el conjunto, los adolescentes tienen una percepción positiva de sus padres, lo contrario no es cierto. En efecto, ciertas encuestas demuestran que los adultos manifiestan una actitud sensiblemente más negativa cara a los adolescentes, y que estos sentimientos negativos son a menudo influenciados por estereotipos desfavorables; los padres asocian la adolescencia a problemas de sexo, drogas, alcohol y delincuencia. Los padres de bajo nivel socioeconómico tienen una actitud más desfavorable que los padres que pertenecen a un nivel socioeconómico más elevado.

En las chicas la autonomía afectiva se adquiere menos nítida y rápidamente que en los chicos. Las adolescentes se muestran, en general, preocupadas por mantener los lazos afectivos con la familia y tienden a reproducir los ideales y los modelos familiares, mientras que los chicos optan mayoritariamente por modelos de éxito y de vida social exteriores a su propia familia, y definen su porvenir por la realización de sí mismos. Esta diferencia refleja, en parte, los estereotipos sociales ligados a los roles masculinos y femeninos, y explica que los chicos presenten más problemas de insubordinación, indisciplina (al igual que más trastornos de comportamiento) que las chicas.

El análisis del funcionamiento familiar revela un desequilibrio entre el ejercicio de la autoridad parental cuando los padres son excesivamente rígidos o extremadamente permisivos. En el estudio realizado por Elder, sobre los diferentes tipos de relaciones entre padres y adolescentes, se investigó sobre la conveniencia o no de que los adolescentes participasen en las discusiones y decisiones que les concernían. Distinguió siete tipos de familia: autocrática, autoritaria, democrática, igualitaria, tolerante (o permisiva), negligentes o “laisser faire”, ciega (o ignorante); y midió el impacto de cada uno de los tipos de autoridad parental sobre los adolescentes.

¿Se pueden distinguir diferentes tipos de autonomía?

La autonomía de comportamiento
Este tipo de autonomía es la primera y la más buscada por el adolescente, quien desea adoptar nuevos comportamientos, tener nuevas experiencias, expresarse a través de su conducta; se traduce a menudo de la siguiente manera: “Soy capaz, yo solo, por mí mismo”, “Quiero hacer lo que me plazca”. La autonomía del comportamiento se define a partir de las decisiones que el adolescente adopta en la organización de su vida cotidiana, sin hacer referencia a la autoridad parental. El enfrentamiento del control parental y el compromiso en los comportamientos personales engendran normalmente conflictos en cuanto a vestimenta, horarios de salidas, resultados escolares, tipos de amigos, participación en tareas domésticas, etc...


La autonomía afectiva
Este tipo de autonomía es ya más difícil de conseguir. El adolescente busca romper los lazos infantiles de dependencia que lo atan a su familia. Si su deseo es respetado, el adolescente tendrá a veces la sensación de que sus padres lo dejan, no se ocupan de él, es decir, lo rechazan, o que prefieren a otros hijos. El sujeto vacilará desde entonces entre los deseos de autonomía (afirmación del yo) y la dependencia (afecto), os deseos de alejamiento y los de aproximación. La autonomía afectiva va a la par con la toma de responsabilidad personal, la preocupación por organizarse, de tomar conciencia (por ejemplo, ocuparse de sus tareas escolares, de sus efectos personales, etc.) o también con el deseo de liberarse de la dependencia afectiva con relación a los padres y poner una distancia frente a la célula familiar.






La autonomía de principios

Este tipo de autonomía es el más difícil de conseguir, y a menudo no se adquiere más que al final de la adolescencia; implica la capacidad del sujeto de definirse como entidad distinta a través de sus gustos, sus intereses, sus preferencias, sus proyectos, sus valores. El adolescente hace frente a los grandes problemas de la existencia y define su propio estilo de vida. El sentimiento de identidad se funda principalmente en los valores políticos, morales o religiosos, sobre el compromiso escolar y profesional (escuela y trabajo) y sobre la implicación sexual (roles sexuales, las relaciones sexuales...). La definición de los principios personales, traduciéndose por comportamientos concretos, puede desencadenar una confrontación entre los padres y los adolescentes, precisamente porque ellos lo hacen “una cuestión de principios”.

La oposición a los padres debe recolocarse en un contexto de la adquisición de la autonomía: ¿Se trata de una falsa autonomía o de una verdadera autonomía? Las encuestas realizadas indican que los adolescentes son conocedores de los conflictos con los padres en la adquisición de la autonomía:
Ø Los conflictos más frecuentes se presentan a propósito de los hábitos de vida: vestimenta, cortes de pelo, maquillaje, horario de salidas, etc.
Ø Aparecen después de conflictos derivados de la vida escolar: resultados demasiado flojos, deberes que hacer, exámenes por preparar, frecuencia escolar;
Ø Los conflictos menos frecuentes giran alrededor de los valores morales.

viernes, 4 de marzo de 2011

Independencia & Dependencia
El modelo democrático da lugar a sentimientos de independencia y de confianza más elevada, sobre todo cuando los padres justifican sus decisiones; los adolescentes estiman disponer de una libertad suficiente y se sienten tratados como adultos. Por el contrario, los padres autocráticos, que raramente justifican sus decisiones, son más susceptibles de tener adolescentes dependientes, faltos de confianza en sus decisiones; los padres de tipo ciego tienen a menudo adolescentes independientes, pero insatisfechos del rol jugado por los padres. 
 
¿Qué factores favorecen la agresividad en los adolescentes?
Entre los factores ambientales encontramos la actitud violenta de la sociedad en general: la sociedad, a través de la exigencia de una respuesta en un momento determinado, provoca que ésta sea de rebeldía si el individuo no puede satisfacer los requerimientos necesarios para resolver aquella situación. En un cierto numero de sujetos, la agresión aparece por propia exclusión sin base alguna y en otros sus déficits no les permiten asumir la resolución del conflicto creado y aparece la frustración del fracaso, que lleva a la agresividad. La falta de ética y desprestigio social de "la moral" y de "los valores" emerge como otro de los factores a tener en cuenta; se acepta tácitamente la corrupción como fundamento del funcionamiento social y se presume la violencia en los demás. Por último destacar, entre otros factores ambientales, el cambio de status social en los adolescentes (se pasa de las limitaciones de la infancia a los privilegios de ser “adulto”) y el contenido del nuevo estado: la libertad, la autonomía y la independencia potencial; y las presiones excesivas de la realidad: un entorno rígido con demasiada presión en oposición al deseo natural suele llevar al "paso al acto" como última salida.
Los factores internos, propios del niño o el adolescente, que dependen de variables individuales y que favorecen la agresividad, son, entre otros, los que relatamos a continuación. La angustia que el niño o el adolescente siente precisa una descarga, es una acción esencial que facilita el paso al acto. La antítesis actividad/ pasividad: el miedo a la pasividad que le resitúa en la sumisión infantil y aboca a la acción.


¿Cuáles son los factores de riesgo?
Podríamos distinguir factores individuales, familiares y sociales.
 Individuales: la predisposición genética: sobrecarga de trastornos psicopatológicos en la familia. Trastornos psicopatológicos, tales como, Hipercinesia, Trastornos de tipo depresivo, Trastornos de personalidad, Adicción a drogas (alcohol, de síntesis, etc), etc. Como rasgos de personalidad que favorecen la agresividad se encontrarían: la inseguridad, la inmadurez afectiva, intolerancia a la frustración y la dependencia afectiva.

Familiares
La disfunción parental: la separación, el divorcio o el absentismo parental prolongado. La perturbación en la dinámica de los subsistemas familiares, etc. La facilitación ansiosa por la incapacidad de contención. El autoritarismo. Los malos tratos, la negligencia educativa: como por ejemplo, la ausencia de una actitud dialogante, la falta de ayuda en los estudios, etc. La ausencia o déficit de actividad de relación social familiar integradora con otras familias. Por último, mencionar la ausencia o déficit en la culturalización ocupacional de la actividad de ocio.


Sociales
El paro, la marginación; las modificaciones de la situación sociocultural o socioeconómica; la distorsión entre lo deseado y lo asequible, disfunción entre lo habituado por el medio familiar en que se vive y lo posible en función de propio recurso.



¿Cómo se entiende el rechazo a la autoridad?
El niño, y más en particular el adolescente, tiende a oponerse a las exigencias de los padres o los profesores, y ésta actitud de oposición puede comprenderse como un deseo de afirmación, de llegar a la autonomía. A lo largo de su desarrollo, el sujeto deberá ir conciliando las demandas de las figuras de autoridad con sus deseos de autonomía y reafirmación de su yo. Se trata siempre de examinar si el rechazo a la autoridad está justificado y va en sentido de una verdadera autonomía que se acompaña de una prisa en el deseo de responsabilidad o, por el contrario, si se reduce a una oposición principalmente fundada bajo el sentimiento de incomprensión o de ser injustamente privado de cualquier elección, de ser controlado, dominado por otros, de no poder realizarse o de no abandonar su sitio. 

El rechazo a la autoridad se ha traducido por el hecho de no poder seguir las directrices, de no prestar atención a las demandas o de hacer lo contrario, de pasar de las reglas y de ser provocador e irrespetuoso. El rechazo a la autoridad conlleva un problema significativo si con los padres o la fratria, lo mismo que con los profesores o los compañeros más importantes, perturba claramente las relaciones interpersonales.